Mi viaje por la vida a través de la música, el cine, mis palabras y mis fotografías
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jueves, 7 de julio de 2011

529. El artista...


Él sabía que tenía una responsabilidad con el mundo. Por eso se esforzaba cada día en dotar con un brillo especial cada una de sus obras. Quizás su trabajo no estuviera del todo valorado, quizás no tuviera un nombre, ni fama ni dinero, pero para él nada de eso era importante. Se sentía afortunado porque había tenido el coraje de perseguir sus sueños y atraparlos; y eso no tenía precio. Ya no le importaba sentirse incomprendido, ni lo que pensaran de él, ni sentía la necesidad de competir ni de demostrarle nada a nadie. Tan sólo se limitaba a darle forma a todas las ideas inspiradas que recibía cada noche para luego lanzarlas al mundo. Ahí terminaba su trabajo, porque el placer estaba en el viaje y no en el destino, y nadie como él había aprendido cómo disfrutar de todo para luego compartirlo con los demás. Quizá actuando así, sin esperar ningún resultado, tuviera la gran suerte de que con alguna de sus palabras, imágenes o melodías... consiguiera, en alguna parte del mundo, iluminar la vida de alguna persona.

El viajero del Faro

sábado, 11 de junio de 2011

520. La satisfacción...


Un año de ausencia había sido demasiado...

Aquella insoportable indiferencia y la impotencia que sentía ante cada lágrima, en silencio, derramada, consiguieron que terminara rindiéndose. Por eso decidió irse, lejos, durante un tiempo que se le antojó eterno... para recuperar fuerzas, para tomar distancia ante las cosas que no podía entender. Sólo así se colocarían en su sitio.

Por eso ahora, cada vez que entraba por aquella puerta, su cara se iluminaba como en los primeros días. ¡¡¡Lo había conseguido!!! Creyó no regresar jamás y allí estaba, con su mejor sonrisa.

Y se sentía feliz, orgullosa... satisfecha.

Porque no había mayor satisfacción en la vida que la de superarnos a nosotros mismos.


El viajero del Faro

lunes, 24 de enero de 2011

482. El abrazo...


Fue como… si volviera a casa después de un largo tiempo de ausencia.

Como si… alguien hubiera recogido los escombros esparcidos en la acera, y los hubiera depositado suavemente en una esquina, formando, con ellos, un pequeño montoncito de silencios.

Fue como si... de repente, hubieran abierto todas las ventanas en una asfixiante habitación llena de humo, y hubiera podido inhalar una bocanada de esperanza.

Como si... después de una estrepitosa caída al vacío, hubiera aterrizado en un mullido colchón lleno de plumas donde poder amortiguar todos mis pesares.


Fue como... si en una tarde nublada y fría de principios de enero y después de salir, tullido, del agua, alguien hubiera corrido a envolverme en una acogedora y cálida toalla, espantando de golpe mis desangelados pensamientos.

Fue como si… después de demasiada ansiedad acumulada llenando los conductos del desasosiego, hubiera soltado un desgarrador y liberador grito en lo más alto de una gran montaña.

Como encontrar dónde pasar la noche después de haber extraviado las llaves de casa, librándome, así, de una insomne madrugada a la intemperie.

Como ser despertado, de repente, de una angustiosa pesadilla, espantando de un manotazo mis peores temores y devolviéndome con un suspiro a la serena realidad.

Fue simplemente eso...

...tan sencillo como pasar la noche enredados en un reconfortante abrazo…


... y deshaciendo lentamente el nudo de nuestras pequeñas soledades.


El viajero del Faro

Ire

lunes, 13 de diciembre de 2010

456. LA INJUSTA CONDENA...


María había sido condenada injustamente.

Ella, tan confiada como era, nunca se pudo imaginar que fueran a traicionarla de aquella forma. Alguien, maliciosamente, había vertido un terrible rumor sobre María, y en aquel pueblo tan pequeño donde todo se sabía, el rumor había corrido como la pólvora. Nadie se paró a pensar, ni por un segundo, en el daño tan grande que podían causar aquellos comentarios, pero qué más daba cuando se trataba simplemente de la vida del otro. Ellos tenían familia y niños que atender como para estar perdiendo el tiempo preocupándose por tonterías. Al fin y al cabo ella no era sino una descarriada, y nada de eso les concernía.

María sufrió sola y en silencio, viendo cómo todos le daban la espalda, aquel injusto y largo calvario hasta que llegó el día. Ni siquiera intentó defenderse. Había una cosa contra la que no se podía hacer nada, algo que ya la había matado en vida, y si ya no podía confiar en la personas bienvenido era su castigo; por lo menos así encontraría algo de sosiego para su atormentada alma.


Aquella fría y triste mañana todos se congregaron en la plaza. Querían ver el espectáculo. Qué mejor manera de expiar sus culpas que cargándolas sobre otros hombros y sintiéndose, así, libres de pecado.

María, resignada, en lugar de cerrar los ojos, hizo algo en el último segundo que nadie se esperaba, y un helado estremecimiento recorrió los cuerpos de los allí presentes. Sólo cuando la vieron colgada, apenas sin vida, se dieron cuenta del terrible error; pero ya nada se podía hacer para paliarlo.

Todos bajaron la cabeza y se fueron yendo, en silencio y sin mirarse, hasta sus casas. Había que continuar con sus vidas lo antes posible: cortar leña, encender el fuego, preparar la cena de esa noche… Era mejor ocupar la mente con cualquier cosa y olvidar que algún día, por no medir los estragos que podían
causar sus habladurías, habían cometido la mayor de las equivocaciones.


¡¡¡Quién podría olvidar jamás aquella inocente mirada de indulgencia!!!

Photos y texto by EL VIAJERO DEL FARO

miércoles, 23 de septiembre de 2009

242. Sin duda... el hermano MAYOR


"Una vez leí la historia de tres hermanos a los que una corriente de agua arrastró hasta una isla de Hawai. Es un mito. Uno muy antiguo. Lo leí cuando era pequeño y no me acuerdo de todos los detalles, pero la cosa iba así. Tres hermanos salieron a pescar, zozobraron por culpa de una tormenta y flotaron mucho tiempo a la deriva hasta que fueron arrojados por las olas a la playa de una isla deshabitada. Era una isla muy hermosa, con muchas palmeras, con árboles cargados de frutos y una montaña altísima irguiéndose en el centro de la isla. Aquella noche, un dios se apareció en sueños a los tres hermanos y les dijo:

En la playa, un poco más allá, encontraréis tres grandes rocas redondas. Empujadlas hasta donde queráis. Y allí donde os detengáis será donde viviréis. Cuanto más arriba subáis, tanto más lejos alcanzaréis a ver el mundo. Decidid vosotros hasta dónde queréis llegar.


Tal y como les ha dicho el dios, los tres hermanos encuentran tres grandes rocas en la playa. Y tal como les ha dicho el dios que hagan, empiezan a empujarlas. Las rocas son muy grandes y pesadas, cuesta mucho moverlas y además, hacerlas rodar pendiente arriba es terriblemente duro. El hermano menor es el primero en dejar oír su voz. Hermanos, dice, a mí ya me parece bien este lugar. Está cerca de la orilla y aquí podré pescar. Tendré suficiente para vivir. No me importa que mis ojos no alcancen a ver el mundo en toda su magnitud.

Los otros dos hermanos siguieron avanzando. Pero, al llegar a media montaña, el segundo hermano dejó oír su voz. Hermano, a mí ya me parece bien este lugar. Aquí hay fruta en abundancia y tendré suficiente para vivir. No me importa que mis ojos no alcancen a ver el mundo
en toda su magnitud.

El hermano mayor siguió avanzando por la cuesta. El camino era cada vez más estrecho y escarpado, pero él no flaqueó. Tenía un carácter muy perseverante y deseaba ver el mundo en toda su magnitud. Así que siguió empujando la roca hasta la extenuación. Tardó meses, casi sin comer ni beber, en arrastrar la roca hasta la cima de la montaña. Una vez allí, se detuvo y contempló el mundo. Alcanzaba a ver más lejos que nadie. Allí era donde viviría en lo sucesivo. En aquel lugar no crecía la hierba, ni tampoco volaban los pájaros. Para beber sólo podía lamer el hielo y la escarcha. Para comer, sólo podía mordisquear el musgo. Pero él no se arrepintió.

Porque podía contemplar el mundo entero...

Y por eso, todavía ahora, hay una enorme roca redonda en la cima de la montaña de aquella isla de Hawai."

AFTER DARK, de Haruki Murakami

jueves, 27 de agosto de 2009

219. El mercader de Constantinopla... y su extraño sueño


Hubo una vez un humilde mercader que vivía en Constantinopla, cuya vida transcurría entre una gris monotonía que le secaba el alma.

Una noche tuvo un sueño. En él, viajaba a El Cairo para encontrar la felicidad. El mercader vendió todas sus pertenencias y, dejando atrás toda su vida, se hizo a la mar. Todo su dinero sólo bastó para llevarle hasta el Cairo.

Allí, esperando alguna señal, mendigó por las calles. Malvivió durante años, pero jamás flaqueó su esperanza de encontrar allí, como vio en el sueño, la clave de su felicidad.
Un día fue detenido y llevado ante el oficial al mando. Cuando éste le preguntó al harapiento mendigo de dónde venía, el mercader le relató su historia y cómo había llegado a El Cairo siguiendo un sueño. El oficial y todos sus soldados rieron con grandes carcajadas.

"Así que por hacer caso a un absurdo sueño, lo has dejado todo y has mendigado durante años. Si hubiese que hacer caso a esas tonterías... Una vez tuve un sueño; en él estaba en Constantinopla, en una casa junto al mar. En ella vivía la más hermosa de las mujeres y, cerca de la casa, bajo la sombra de una inmensa palmera, estaba enterrado un tesoro... Sería de locos dejarlo todo sólo por un sueño".

El oficial, a quien tanta gracia le había hecho el ingenuo mercader, le dio unas monedas para que pudiese volver a su tierra."

El mercader consiguió regresar a su ciudad y buscó la casa de la que le hablara el oficial. Allí encontró a la más hermosa de las mujeres, con la que se casó. Y cerca de la casa, bajo la sombra de una inmensa palmera, desenterró el tesoro.

cuento popular

martes, 23 de septiembre de 2008

70. Noche de insomnio... o cuando las olas te arrastran hacia no sabes dónde


Sueño despierto... dando vueltas en la cama... sudando...

...me veo sentado en un embarcadero bajo las últimas luces de la tarde... acaba de pasar una terrible tormenta y he sobrevivido a duras penas... todavía no sé cómo lo he hecho, pienso aliviado, y respiro hondo... se percibe todavía el olor a humedad y los restos del desastre... todo está en calma en el embarcadero y parece no ocurrir nada aunque a lo lejos se esté formando una gran ola que viene directo a mí sin que yo me de cuenta...

...y me pilla de imprevisto... allí mismo, de espaldas a todo y sin avisar... arrastrándome mar adentro... cómo ha podido ocurrir, me pregunto, ahora que tan tranquilo y seguro me encontraba...

...me resisto a dejarme arrastrar hacia Dios sabe dónde, lucho con todas mis fuerzas intentando liberarme de sus garras... intento nadar hacia la orilla con todo mi empeño, contracorriente, tragando agua, haciendo un terrible esfuerzo que me deja exhausto y agotado... tengo tanto miedo a dejarme arrastrar por esta marea... conozco las consecuencias y pueden ser más devastadoras que el huracán que se llevó todo de un manotazo...

...sigo nadando, cada vez más cansado...

...pero para qué engañarme a mí mismo, por qué no hacer caso ahora a esas canciones que tanto he cantado y con tanto ímpetu he hecho mías...

...pregonando a los cuatro vientos sus mensajes...

...por qué hacer tanto esfuerzo cuando sé que esta ola tiene más fuerza que yo y sé desde el principio que irremediablemente me llevará hacia donde ella quiera... aunque eso signifique renunciar a todo... a mi puerto, a mi calma, a mi orilla, a mi faro... y porque ya no tengo más fuerzas para resistirme...

...entonces cierro los ojos y confío... y escucho de nuevo esa melodía que retumba en mis oídos fuertemente...

...conozco esa voz... una voz de mujer que viene del sur...

...y como un canto de sirena dejo que me sumerja del todo y me lleve hacia donde me tenga que llevar...

...cada vez se escucha más fuerte... y la acompaño resignado...

"déjate llevar por las sensaciones"... me dice...

...entonces despierto sobresaltado y llorando en la oscuridad de mi cuarto... y entre las paredes azules que me rodean, bajo un tímido rayo de luna que entra por la ventana... todavía percibo ese agridulce y conocido sabor a sal...

(pertenece a la colección de relatos inspirados en historias que ya ocurrieron, están ocurriendo o no ocurrirán nunca)