Hubo una vez un humilde mercader que vivía en Constantinopla, cuya vida transcurría entre una gris monotonía que le secaba el alma.
Una noche tuvo un sueño. En él, viajaba a El Cairo para encontrar la felicidad. El mercader vendió todas sus pertenencias y, dejando atrás toda su vida, se hizo a la mar. Todo su dinero sólo bastó para llevarle hasta el Cairo.
Allí, esperando alguna señal, mendigó por las calles. Malvivió durante años, pero jamás flaqueó su esperanza de encontrar allí, como vio en el sueño, la clave de su felicidad.
Un día fue detenido y llevado ante el oficial al mando. Cuando éste le preguntó al harapiento mendigo de dónde venía, el mercader le relató su historia y cómo había llegado a El Cairo siguiendo un sueño. El oficial y todos sus soldados rieron con grandes carcajadas.
"Así que por hacer caso a un absurdo sueño, lo has dejado todo y has mendigado durante años. Si hubiese que hacer caso a esas tonterías... Una vez tuve un sueño; en él estaba en Constantinopla, en una casa junto al mar. En ella vivía la más hermosa de las mujeres y, cerca de la casa, bajo la sombra de una inmensa palmera, estaba enterrado un tesoro... Sería de locos dejarlo todo sólo por un sueño".
El oficial, a quien tanta gracia le había hecho el ingenuo mercader, le dio unas monedas para que pudiese volver a su tierra."
El mercader consiguió regresar a su ciudad y buscó la casa de la que le hablara el oficial. Allí encontró a la más hermosa de las mujeres, con la que se casó. Y cerca de la casa, bajo la sombra de una inmensa palmera, desenterró el tesoro.
cuento popular
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