
Dice Murakami en su libro "De qué hablo cuando hablo de correr", que escribir una novela es enfrentarse a escarpadas montañas y escalar paredes de roca para, tras una larga y encarnizada lucha, alcanzar la cima.
Y así me siento yo cada día, escalando poquito a poco, mirando solamente el paso que estoy dando y sin levantar demasiado la vista para no agobiarme con todo lo que todavía queda por encima de mí. Eso lo aprendí también el otro día cuando bajamos y volvimos a subir una montaña de Anaga en uno de los pateos a los que tanto me he aficionado, y donde caminamos, con un sol abrasador sobre nuestras cabezas, durante 9 horas. Ese día sentí que si había podido con eso podría con cualquier cosa. Sólo 3 personas, de las 6 que comenzamos el pateo, logramos acabarlo y alcanzar de nuevo la cima, con los últimos rayos de sol; y aunque estuve más de una semana sin poder moverme, sentía una euforia tremenda, como si hubiera traspasado algo, como si hubiera subido de nivel y ya nada volviera a ser lo mismo... como me siento cada día cuando logro acabar con éxito mi jornada literaria.
Y ya lo dice muy bien en su libro, Murakami: el secreto para cualquier cosa en la vida, sea escribir, correr o cualquier otro reto que nos planteemos, es la constancia y la determinación.
Por eso es que yo intento sentarme cada día unas 4 horas a recomponer el gran puzzle que es esta envolvente historia de amor, traición y superación personal que cada día me tiene más atrapado y absorbido. Y es que escribir esta novela se ha convertido, para mí en este momento, en lo más importante. Todavía no me creo que ya lleve más de un año con ella, y que esta semana haya superado los 50 capítulos... y no pongan cara de asombro, como hace todo el mundo, que son capítulos cortos.
Murakami comenta en su libro que lo de ser novelista le vino de repente, un día que recuerda perfectamente y en el que tuvo la fuerte sensación, como caída del cielo, de que tenía que ponerse a escribir. Y entonces lo dejó todo, su negocio que tanto le había costado sacar adelante, y en contra de lo que le aconsejaba todo el mundo, que le decían que estaba loco, hizo caso a su fuerte intuición y se puso a escribir, sin haberlo hecho nunca antes. Y es que hay certezas que cuando se tienen, no hay otro camino que seguirlas hasta el final... con todas sus consecuencias.
Hay días curiosos como la otra noche, que ya acostado y con las luces apagadas, me vino de repente el inicio del siguiente capítulo, que lo tenía un poco atascado, y tuve que saltar de la cama y hasta las 3 y media ya no me pude volver a acostar hasta que lo acabé, poseído por la magia que me envuelve casi a a diario y que no deja de sorprenderme a cada segundo. ¿De dónde sale todo lo que escribo? No lo sé... ¿Tienen todas las cosas en la vida un sentido, por mucho que en el momento no podamos verlo porque estemos totalmente cegados por las circunstancias? Ya no me queda ninguna duda... Hoy sólo puedo dar las gracias porque la historia de Daniel y Dácil, de Daniel y Ruth y de Daniel y Maia, haya llegado a mí, aunque fuera de aquella extraña y desconcertante forma.
...el sentido de todo se lo ha dado MI NOVELA...
...en la que tengo, cada día, y pase lo que pase...que seguir trabajando...