Ayer Domingo era día de pateo: el segundo... y yo, como siempre cuando me emociono con algo, no veía la hora de que llegara porque tenía muchísimas ganas de repetir y mejorar la experiencia del domingo pasado...
...mi preocupación era la previsión del tiempo, que se avecinaba gris y con lluvia, pero cuando Antonio me envió un sms la noche anterior diciendo que la excursión seguía en pie, me quedé tranquilo antes de meterme en un película que me dio una sacudida de arriba abajo y de la que ya hablaré en estos días...
A las 7.30 de la mañana y como si nada, de nuevo en pie (yo estoy que no me reconozco). Habíamos quedado a las 9 en nuestro punto de encuentro para pasar a recogerme y casi llegando, a escasos metros, Antonio que me llama desde El Sauzal diciéndome, está lloviendo, no? No, por aquí no, le contesto; pero él me dice, pues en 5 min. lo hará. Y yo pensando que ya me iba a decir que se suspendía todo y que a esa hora, ya preparado y con la mochila a cuestas, tenía que volverme a mi casa a inventarme el día, me comenta, en 15 min. estoy ahí, estoy esperando a Carmen. Y es que todos los compañeros del domingo anterior se habían ido a Los Indianos, así que estábamos sólo nosotros tres dispuestos a vivir otra aventura...
La excursión que hoy tocaba era Anaga, pasando por Benijo y llegando hasta... EL FARO de Anaga (faro en el que no he estado nunca)... pero fue imposible porque como bien dijo Antonio, a los 5 minutos justos comenzó a llover y aunque lo intentamos y llegamos hasta Igueste, la lluvia no nos dejaba avanzar y mucho menos bajarnos del coche, aunque sí lo hicimos 10 segundos para sacar un par de fotos a una estampa muy peculiar de un sofá junto a una pala al borde del camino. Con la misma tuvimos que retroceder de vuelta a La Laguna y yo, con una pena tremenda, me resignaba a pensar que se acababa el día sin ni siquiera empezarlo, por lo que me puse a pensar que no, que alguna opción tenía que haber...
Y sí que la hubo...
Al llegar a La Laguna nos metimos en un bar y nos pedimos unos cola-caos humeantes y, bien arropados con las tazas en la mano, nos pasamos un buen par de horas hablando y hablando sin parar en una de esas conversaciones conectadas donde el tiempo no existe y todo parece detenerse... tanto, que a veces la tranquilidad del bar se veía amenazaba por docenas de ciclistas y su estruendoso barullo, que entraban también a refugiarse al ver truncada su carrera por las inclemencias del tiempo, al mismo tiempo que de repente desaparecían dejándonos de nuevo los 3 solos sin desviar ni un segundo el hilo de nuestra conversación; ante los intrigados camareros que, seguramente, se preguntarían de qué cosas tan extrañas hablábamos a esas horas de un domingo por la mañana.
Cuando comencé a hablar de mi afición a los faros al saber la ruta que hoy tocaba y que no habíamos podido hacer, Antonio prometió llevarme pronto a ese faro perdido y que ni sabía que existía, y también me comentó que había una ruta en Teno que llegaba justo hasta el faro. Uf! El faro de Teno, pensé... El faro al que todavía no he ido... mi FARO... y al que sé que muy pronto iré... cuando llegue el momento...
Cuando salimos del bar, ya a las 12 y pico del mediodía, vimos que se había despejado un poco el cielo, y yo, todavía en mi afán de no regresar tan pronto a casa con los bocadillos en la mochila, propuse improvisar algo, así que nos subimos en el coche sin pensarlo mucho, rumbo a un sitio inédito para mí y confiando totalmente en nuestro experto guía, rápido de reflejos, que nos llevó a un lugar totalmente mágico: el rincón del místico, en El Gaitero, que a pesar del frío, del viento huracanado y de la espesa bruma, lo bauticé enseguida como "mi lugar"; al que pienso ir de vez en cuando... a conectarme con el mundo...
Allí nos pasamos un ratito sacando algunas fotos y a punto de salir volando, y aunque no se veía nada por la densa bruma a nuestro alrededor, sabíamos que allí abajo se ocultaba un maravilloso paisaje que yo me negaba a no desvelar. Por eso les dije, no se preocupen que antes de que nos vayamos se despeja, cosa realmente imposible...
...pero cuando ya estábamos a punto de irnos, de repente y como por arte de magia, las nubes comenzaron a surcar el cielo a una velocidad vertiginosa sobre nuestras cabezas abriéndose para nosotros y poder, así, contemplar las alucinantes vistas que iban desde Anaga por un lado hasta Candelaria por el otro...
...se los dije!!!!!! comenté riendo...
...y fue en ese momento que volvimos sobre nuestros pasos para buscar un sitio donde poder comer tranquilamente al mismo tiempo que tener la posibilidad de salir corriendo si la lluvia nos atacaba inesperadamente... lugar que encontramos enseguida y donde pasamos un agradable rato compartido, entre el silencio, y la fragilidad de las palabras que se deshacen con el viento...
...continuará...
si quieres leer la experiencia contada por Antonio en su web, entra aquí
3 comentarios:
Muchá! que productivo estás hoy!! que bonitas vistas.
¿y llegaron a los indianos? porque con toda la gente que se quedó en el aeropuerto... y es una pena, porque en Santa Cruz de La Palma estaba el tiempo buenísimo, al menos esta mañana cuando yo fui, no hacía el viento y la lluvia que hace en mi pueblo, por ejemplo, y eso que vivo a diez minutos.
que bellos paisajes!!!
me encantó la brumosidad que acompañó tu aventura,
estuve de vacaciones, después de un año con muuuchooo trabajo,
espero que tus proyectos estén fluyendo con toda la luz con la que siempre brillas,
un beso,
Cris
Maravilloso ese rincón, el Gaitero.
Lo descubrí también con Antonio.
He vuelto por alli amenudo, un lugar perfecto con buen tiempo para leer, y contemplar la belleza que rodea el lugar.
Espero que éste domingo tengamos caminata...la necesito!
Besotes Carlos
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