Ella sabía que su sonrisa era la mejor arma que poseía para sobrevivir... aunque a veces tuviera que morderse un poco el labio para esconder el dolor que tan bien ocultaba y que nadie conocía... porque aunque muchas de las sonrisas que se encontraba a diario no eran del todo sinceras, ella no desistía... sabía que sonriendo a todo el mundo y confiando en la vida, llegaría el momento en el que alguien, de verdad, le devolvería la sonrisa que tanto tiempo llevaba buscando.
El viajero del Faro

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